El pueblo se camina en una mañana. Pero el municipio de Catorce es una sierra entera, y sus pueblos —algunos poco más que un puñado de casas entre mezquites— guardan la mejor parte de la historia regional. Son la razón de ser de los Willys que se rentan en el pueblo.
Potrero: las haciendas
Asiento de antiguas haciendas mineras. Sobreviven la Iglesia Mocha —sin techumbre, en pie a pura piedra— y los arcos del viejo acueducto. Es la parada fotográfica por excelencia de la ruta.
La Luz: la mina y el reloj
Aquí está la mina de Santa Ana y la antigua torre con un reloj donado por Porfirio Díaz. El pueblo conserva el aire de campamento minero organizado, con sus calles en cuadrícula.
Los Catorce: manantiales y aguacates
La "joya del desierto": muy visitado por sus manantiales y sus huertos de aguacate, una rareza a esta altitud. Es parada habitual de los recorridos.
San Antonio de Coronados: temazcal y aguas termales
El pueblo legendario de la sierra tiene centro recreativo con cabañas, temazcal y alberca de aguas termales. Si la ruta incluye baño térmico, es aquí.
Y antes de subir: Estación Catorce
El mayor núcleo poblacional del municipio fue parador ferroviario de la ruta México–Estados Unidos. Desde aquí inicia el territorio de Wirikuta, sagrado para el pueblo wirárika.
En la práctica
Los recorridos se acuerdan en el pueblo con los operadores de Willys o de cabalgatas — aquí están con teléfono y calificación. Acuerda precio y ruta antes de salir, lleva chaqueta (en altura el clima cambia rápido) y agua.